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Flora en el Parque Nacional Volcan Masaya

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A diferencia de las numerosas comunidades bióticas que existen en el país y cuya composición y estructura están condicionadas principalmente por los factores del clima (temperatura y humedad básicamente), la flora del área del Volcán Masaya presenta una distribución y morfología impuestas por las condiciones edáficas, o sea propias del terreno que recubre el área, si bien su composición botánica, salvo por una que otra especie endémica es similar a la de las sabanas y bosques tropicales secos de Nicaragua.

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En efecto, estando el terreno del Volcán Masaya formado por corrientes de lavas antiguas y modernas, intemperizadas en diferentes grados de acuerdo con sus edades, es natural que sobre estas corrientes petrificadas se presenten diferentes asociaciones vegetales, constituyendo variadas etapas de sucesión ecológica, que varían desde aquellas formas simples que como líquenes y musgos se aferran a las rocas ásperas y yermas, hasta aquellas otras que se han desarrollado sobre suelos muy antiguos, bien meteorizados y cuya morfología es semejante a la de los bosques y sabanas secas tropicales típicas de la zona del Pacífico. Sin embargo, existe una excepción y es que dado a lo fragoso del terreno y a la desigual distribución de los beneficios del suelo, el agua, el viento y la iluminación solar, los árboles y arbustos del volcán son por lo general más achaparrados, ramificados y lignificados que las correspondientes formas del bosque tropical. Además, las múltiples grietas y huecos del quebradizo substrato han originado numerosos y recónditos microclimas que permiten el anclaje de vegetaciones pioneras, que a su vez acondicionan el ambiente para la evolución de formas más avanzadas y especializadas.

Las ásperas escorias que recubren el suelo de la caldera van con el tiempo alterándose bajo la influencia de los cambios diarios de temperatura, la acción abrasiva de los vientos, la infiltración de las aguas pluviales y el papel mismo de la vegetación con sus raíces penetrantes y su hojarasca que corroen las rocas, disuelven los minerales, desmoronan las partículas arrancándolas y depositándolas en las oquedades, dando origen ulteriormente a un suelo lo suficientemente grueso para soportar una vegetación más avanzada y diversificada.

La etapa pionera de la sucesión vegetal la inician los líquenes. Estas plantas primitivas, resultantes de la simbiosis entre algas y hongos, se desarrollan como costras de diversos colores, que se adhieren directamente a las rocas ásperas, acomodándose a sus anfractuosidades y subsistiendo directamente de los gases atmosféricos, del agua, de los minerales de las rocas, que ellos mismos contribuyen a corroer y disolver, y de la luz solar. También existen algunas plantas epífitas, (bromelias y orquídeas), ancladas sobre los pináculos rocosos, abiertas al viento para captar polvo, agua, resíduos orgánicos, y en fin todo lo que el aire acarrea a favor de su subsistencia, utilizando las rocas únicamente como sostén.
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Los productos disgregados de las rocas, más los acarreados por el viento hacia el interior de las grietas húmedas, a resguardo de la insolación, forman un suelo donde brotan los musgos, los helechos e incluso algunas gramíneas, gozando de un microclima donde se aprovechan principalmente resabios de humedad que subsisten ahí durante la época seca del año. Aún en lo más álgido de la sequía, estas formas entran a una etapa de latencia, esperando reverdecer con las primeras lluvias. No existen estudios que identifiquen a todas las especies criptogámicas, pero entre las gramíneas identificadas se encuentran varias especies de zacates, como el crin de macho, el zacate rosado y el jaragua. El zacate rosado espiga en diferentes épocas del año y su delicada florescencia trasluce con los rayos del sol poniente. El jaragua, un invasor reciente, llega a formar altos pajonales, exponiéndose a las quemas del verano.

Una etapa más avanzada en el proceso de la meteorización del suelo, es la presencia sobre el mismo de yerbajos y matorrales sarmentosos, en cantidades que dificultan el tránsito entre los breñales, tal como sucede con los campos de piñuelas de monte, los espadillos, las cactáceas, cimarras, coralillos y otras zarzas, las cuales forman en algunos casos el piso inferior de un bosque matorraloso muy variado.

Cuando la prolongada meteorización de las lavas antiguas han formado una consistente capa de suelo, o cuando éste se ha acumulado rápidamente en el fondo de las angostas y tortuosas grietas, aparece una tercera etapa de sucesión, caracterizada por arbustos que forman una asociación muy típica y donde predominan el sacuanjoche, nuestra flor nacional, el poroporo, el nancite, los chilamates enanos, el caraño, el madero negro, el sardinillo, el elequeme, los guarumos, el jiñocuabo, etc. Algunas de estas especies forman verdaderos bosquetes, como sucede con el rodal de sardinillos al pie de la ladera suroeste del cono del Masaya, con sus bellas florescencias amarillas, y cuyas ramas forman el pernoctadero vespertino de bandadas de loros que habitan en el cráter del Santiago. El predominio de arbustos cuya sabia es látex nos habla muy en claro de la gran necesidad que tienen estas plantas de preservar la humedad en ese ambiente seco y ventilado.

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La etapa final de la sucesión se caracteriza por la presencia de los árboles típicos del bosque seco tropical, tales como ceibas, guanacastes, matapalos, laurel, jiñocuabos, talalates, quebrachos e incluso los ya casi exterminados pochotes. Las palmáceas son pocas, pero no por ello ausentes, sobresaliendo el coyol.

Como plantas parásitas o epífitas son frecuentes tres o cuatro de las dieciocho especies de orquídeas identificadas en el área, que crecen sorprendentemente en este ambiente xerofítico; dos lorantáceaes; varias bromeliáceas y cactáceas y ciertas enredaderas, una de ellas de la familia Bignoniáceae, con bellas florescencias lilas, muy parecidas a las del roble sabanero.

Sobre las arenas y lapillis que recubren la parte superior de los conos del Masaya y Nindirí han logrado afianzarse varias gramíneas y yerbas, ocupando bien definidos parches, las cuales son a menudo afectadas por los gases del vecino cráter Santiago, marchitándose sus partes aéreas y reverdeciendo una vez que los vientos se llevan los gases en otra dirección. Este efecto es especialmente notorio a orillas del cráter humeante y en el interior del anfiteatro del Nindirí. En el interior del cráter apagado del Masaya, sin embargo, a sotavento de los gases y resguardado por infranqueables precipicios, se ha desarrollado un bosque de cierta exuberancia hacia el cual nadie osa descender para investigar.

Hacia la laguna se extiende lo más espeso del bosque, recargado de parásitas y epífitas, en cuyo frente cercano a la costa predominan los jiñocuabos. En las pocas partes arenosas de la costa y sobre suelos anegadizos crecen brotes de tulares, donde antes se guarecían las aves acuáticas de la laguna. En la tranquila y resguardada bahía, al extremo norte de la laguna, el jacinto de agua comienza a invadir las aguas.

Rasgos Geneticos Especiales

La situación de las orquídeas, creciendo en este ambiente inesperado, resulta un rasgo genético que necesita preservarse para el interés de la ciencia, más cuando estas flores sufren de una recolección indiscriminada, pese a su escaso valor comercial debido a su pequeño tamaño.

Una última palabra será para manejar y proteger en el área las sucesiones ecológicas en sus diversas etapas. En pocos lugares del Continente, el ecólogo, el botánico y en fin el estudioso de la evolución, puede encontrar un laboratorio natural de la extensión y magnitud como el que se presenta en el área del Volcán Masaya. No existe en el istmo de Centroamérica un área tan extensa donde se pueda demostrar la gran capacidad adaptativa de la vegetación, al renacer y desarrollarse en un ambiente tan inhóspito, y continuamente amenazado por derrames de lava y gases tóxicos. Sin embargo, este excepcional laboratorio natural poco a poco va siendo alterado por la presencia del hombre, la ganadería, el fuego, el corte de leña, la extracción de arenas y la continua contaminación producida por los desechos y basuras que irresponsablemente se llevan en camionadas para ser depositadas en el lugar.

 
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